COVID-19
Produce síntomas similares a los de la gripe o catarro, entre los que se incluyen fiebre, tos, disnea, mialgia y fatiga. En casos graves se caracteriza por producir neumonía, síndrome de dificultad respiratoria aguda, sepsis y choque séptico que conduce a cerca de 3,75 % de los infectados a la muerte según la OMS. No existe tratamiento específico; las medidas terapéuticas principales consisten en aliviar los síntomas y mantener las funciones vitales.
La transmisión del
SARS-CoV-2 se produce mediante pequeñas gotas —microgotas de Flügge— que se
emiten al hablar, estornudar, toser o espirar, que al ser despedidas por un
portador (que puede no tener síntomas de la enfermedad o estar incubándola)
pasan directamente a otra persona mediante la inhalación, o quedan sobre los
objetos y superficies que rodean al emisor, y luego, a través de las manos, que
lo recogen del ambiente contaminado, toman contacto con las membranas mucosas
orales, nasales y oculares, al tocarse la boca, la nariz o los ojos. Esta
última es la principal vía de propagación, ya que el virus puede permanecer
viable hasta por días en los fómites (cualquier objeto carente de vida, o
sustancia, que si se contamina con algún patógeno es capaz de transferirlo de
un individuo a otro).
Los síntomas aparecen entre dos y
catorce días, con un promedio de cinco días, después de la exposición al virus.
Existe evidencia limitada que sugiere que el virus podría transmitirse uno o
dos días antes de que se tengan síntomas, ya que la viremia alcanza un pico al
final del período de incubación. El contagio se puede prevenir con el lavado de
manos frecuente, o en su defecto la desinfección de las mismas con alcohol en
gel, cubriendo la boca al toser o estornudar, ya sea con la sangradura (parte
hundida del brazo opuesta al codo) o con un pañuelo y evitando el contacto
cercano con otras personas, entre otras medidas profilácticas, como el uso de
mascarillas. La OMS desaconsejaba en marzo la utilización de máscara quirúrgica
por la población sana, en abril la OMS consideró que era una medida aceptable
en algunos países. No obstante, ciertos expertos recomiendan el uso de máscaras
quirúrgicas basados en estudios sobre la Influenza H1N1, donde muestran que
podrían ayudar a reducir la exposición al virus. Los CDC de Estados Unidos
recomiendan el uso de mascarillas de tela, no médicas.

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